El nopal marca el inicio de la búsqueda

El nopal marca el inicio de la búsqueda

Viajera, no turista

Un par de horas en carretera y llego a Ezequiel Montes, municipio reconocido principalmente por su impresionante monolito: la Peña de Bernal. Pero he decidido no ir; en lugar de eso, exploraré las entrañas de la cultura ñäñho, de pronunciación “ñañú”, forma en que se autodenomina la comunidad otomí, ubicada en esta región de Querétaro.

A sólo 10 minutos de la cabecera, se encuentra Villa Progreso, un pequeño pueblo alejado del caos citadino y la vorágine del turismo que acecha Bernal.

Aquí, alejada de los tranvías y guías de turistas, que algunas veces pareciera que los capacitan para hablar con el mismo tono de voz (bueno, algunos…). Llego para desayunar algo que podría ser muy simple y básico, pero que es completamente auténtico.

Me reciben dos grandes mujeres Loreto y Mary. La primera impresión de este encuentro es para mí como un choque cultural. Yo, acostumbrada a mi horno de microondas, mi estufa de gas y todas esas comodidades urbanas, me encuentro con una cocina que sólo en documentales había visto: Leña, tizne, humo, cazuelas de barro… y no se diga del platillo que preparamos; toda una experiencia que no sólo se agradece por lo sabroso, sino también por la experiencia que viví como un primer acercamiento de lo que será todo mi viaje. 

Para el recetario:

Cortar nopales puede verse sencillo. Pero por experiencia aconsejaría usar guantes y un cuchillo filoso para hacerlo con ritmo a la dirección de las espinas.

Aquí me enseñaron que no hay que quitarle la baba al nopal; así que a partir de ahora, se la dejaremos; no pasa que una tira cuelgue entre el taco y la boca. Pero eso sí, ¡qué delicia!

Sé un viajero conmigo, y tengamos juntos un buen provecho.

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