Agua de las verdes matas

Agua de las verdes matas

“Panza de pulquero”: es con lo que voy a regresar después de este viaje tan rico en sabores. He comido tanto, que realmente puedo decir que ya soy más feliz… ¿Sí, no? Dicen que “barriga llena, corazón contento”; pues yo ya siento que mi corazón quiere salirse de tanta felicidad.

Pero es momento de ser sincera, si mi panza está creciendo no es sólo por la comida. Debo confesar que desde que llegué a tierras queretanas, me insinuaron tomar una de las bebidas que son un ícono para todo el país: precisamente, el pulque. Al principio, no era algo que se me antojara. Eso de tener una sensación babosa dentro de mi boca… no lo apetecía. Después reflexioné mi trayecto gastronómico hasta ahora, y pensé: “¿Qué tan distinta puede ser la sensación, comparada con el nopal?”. Así que me armé de valor, y lo probé. Y luego tomé otro… y otro… y creo que después tomé más… ¡Sí, lo admito! He bebido demasiado pulque. No es pretexto, pero las familias siempre terminan convenciéndome al enlistarme todos los beneficios que trae el consumirlo. Si algo es tan mágico, es porque su origen debe ser fuera de lo normal.

Obviamente no iba a quedarme con la duda, y me adentré a tan interesante proceso.

PARA EL RECETARIO

Si en el jardín de tu hogar hay un maguey, ¡felicidades! Ya puedes alistarte para ser un pulquero profesional.

Que no tienes el instrumento para obtener el aguamiel, ¡no te preocupes! Ve a la tienda, compra un refresco grande, tómatelo todo, lava la botella, ¡y listo! Sólo debes adaptarle una pequeña manguerita para facilitar el trabajo.

Cuando ya hayas obtenido toda esa rica agua de las verdes matas, disfrútala natural (no importa que ya estés lleno de tanto refresco), o pon a prueba tu creatividad, empleándola para distintas recetas, como un buen atole.

Sé un viajero conmigo, y tengamos juntos un buen provecho.

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