¡Sola en una isla! | Playa Michigan

¡Sola en una isla! | Playa Michigan

Si la mayor parte de tus días está rodeada de ruido, tráfico, mucha gente y un acelerado ritmo de vida citadino, imagino que, como yo, has llegado a pensar: “Ojalá pudiera darme un descanso”. ¡Te tengo el lugar ideal para hacerlo!

En el estado de Guerrero, entre Acapulco e Ixtapa Zihuatanejo, se encuentra un paraíso playero en el que puedes gozar de paz y hermosos paisajes. Su nombre es Isla de Pájaros, pero es comúnmente conocido como playa Michigan.

Tomando la carretera nacional número 200, a 105 kilómetros de Acapulco y  135 de Ixtapa Zihuatanejo (casi justo a la mitad) se encuentra la ciudad de Tecpan de Galeana, y a 15 kilómetros está una desviación hacia el pueblo de Tenexpa. Digamos que de la Ciudad de México, que es de donde yo partí, llegar hasta ese punto toma aproximadamente seis horas y media. Sí, no es tan poco tiempo, pero lo que viene a continuación hace valer cada minuto de esta sudorosa travesía: Al tomar la desviación, un jardín de numerosas y enormes palmeras se hace presente, abrazando tu camino hacia el pequeño y bello Tenexpa. Cruzando el pueblo, el camino continúa, hasta abrir paso a un pequeño malecón, en donde habrá que estacionar tu automóvil y olvidarte de él por el resto de tu estancia. ¿Por qué? Porque resulta que frente a ti hay un estero que debes cruzar en lancha para llegar a la playa; así que baja todas tus cosas del auto y embárcalas para zarpar.

El trayecto en lancha dura aproximadamente cinco minutos y se disfruta muchísimo. La laguna está rodeada de manglar, flotan lirios y las aves vuelan por doquier. De repente, el escenario lleno de mangles comienza a disiparse y la playa aparece a lo lejos. Hemos llegado a Michigan; una playa “alejada del bullicio y de la falsa sociedad” (una canción de José Alfredo Jiménez…), pero también alejada de todos los lujos. Bueno, sí hay un lujo: el hotel de un millón de estrellas al que has llegado.

¿¡No les dije!? ¡En este lugar no hay hoteles! Debes venir preparado con tu casa de campaña, cobija, almohada y todo lo que necesites durante la noche. Estás en una playa, pero no te confíes, algunas noches son frías.

Lo mejor es ir en temporada baja; así la playa será completamente tuya, literalmente.

Por la comida, ¡ni te preocupes! Los dueños de las enramadas que hay en el lugar (que son los pequeños restaurantes) se encargarán de que no te falte nada. La gente es muy amable y cocina delicioso (por lo menos Mary Cruz y Presi, que son a quienes conozco ahí [pregunten por ellos a su llegada al embarcadero]).

Instalada tu casa de campaña, y habiéndote acomodado en una hamaca, ahora sí, ¡a disfrutar!

Se puede nadar en el estero o pedir un paseo en lancha. Los amaneceres, atardeceres y madrugadas son IN-CRE-Í-BLES. En sí, no hay más que hacer que descansar, olvidarte de todo y disfrutar de la vida.

¡Eso sí! Los mosquitos y pulgas de arena no tienen piedad. No olvides llevar un repelente y aplicarlo constantemente para evitar un poco sus picaduras.

El viaje es muy económico. Yo estuve tres días y no me gasté más de 700 pesos, comiendo y bebiendo de lo lindo.

Un destino encantador que todo aventurero debe visitar.

 

La vida es un viaje. ¿Lo estás disfrutando?

 

 

Leave Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *