Más cerca del cielo | Mi intento de subir el Pico de Orizaba

Más cerca del cielo | Mi intento de subir el Pico de Orizaba

Lugares como el que estoy por describir no aparecen en cualquier sitio; y mucho menos en escenarios en los que crees que todo es Sol, arena y mar. Eso fue lo que me sucedió cuando me dijeron: “Vamos a Veracruz”.

Ingenuamente, algo me hizo intuir que al ser un estado ubicado en el Golfo de México, la visita a cualquiera de sus rincones significaba sacar del fondo de mi closet la ropa más ligera que tuviera. Mi ignorancia no me permitió prepararme para la experiencia que estaba por vivir.

Llegué a Coscomatepec, un municipio ubicado en la zona de alta montaña del estado. El clima es templado, pero el monumento natural que estaba a punto de explorar sobrepasa barreras climáticas: El Pico de Orizaba o Citlaltépetl, su nombre en náhuatl, que significa “Monte de la Estrella”, es la elevación más alta de México, con 5 mil 610 metros sobre el nivel del mar; su gran altura permite la presencia de nieve durante todo el año.

Me emocionaba el saber que por primera vez vería la nieve; pero me preocupaba no estar preparada… bueno, ¡ni suéter llevaba!… Afortunadamente un amable lugareño me prestó una chamarra que me quedaba perfecta… (vean el video para que conozcan mis estándares de perfección…).

Llegamos a una caseta de vigilancia a las faldas de la montaña, en donde registramos nuestra entrada. Es importante no saltarse este paso, pues el personal debe tener conocimiento de quiénes ingresan, para estar al pendiente de su salida.

No sé qué carambas pensaba yo, que por un momento me ilusioné creyendo que al día siguiente mi Instagram estaría lleno de fotografías de llegada triunfal a la punta. Ya hasta estaba ensayando mis poses.

Pues no. ¡La escalada es toda una odisea! No apta para principiantes… ¡ni intermedios! Es un reto para gente bastante extrema y aventurera. La preparación debe ser ardua.

Yo no me di por vencida, y a pesar de que los mareos ya se hacían presentes, (IMPORTANTÍSIMO: Llevar algún snack y agua para que el cerebro no deje de carburar) seguí mi camino; ¡yo quería ver la nieve! Tampoco iba a forzar a mi cuerpo, así que en cuanto vi un atisbo de nieve, dije: “¡de aquí soy, y hasta aquí llegué!”. Aunque suene como un fracaso, para mí fue un gran logro.

Se llegue hasta el punto que se llegue, el paisaje es impresionante, y vale la pena intentar esta travesía.

 

Para estar más cerca del cielo, sólo hay que recordar que llegar a la cima es importante, pero lo primordial es disfrutar el camino.

 

La vida es un viaje. ¿Lo estás disfrutando?

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