Comí carne ¡después de tres años!

Comí carne ¡después de tres años!

¿Recuerdan que dije que iría poco a poco en este descubrimiento gastronómico? Pues el momento de meter un poco el acelerador llegó.

Resulta que en Jerez se escucha mucho hablar de unas tostadas; que muy ricas, que como ésas ninguna, que no visitaste Jerez si no comes una tostada… ya saben, todas esas cosas que se dicen de la comida tradicional de un sitio. Si que un turista que está de visita en el municipio te diga que no ha probado las tostadas es ya un pecado, ¡imagínense que seré yo, que sigo sin probarlas, siendo zacatecana! Pues decidí que éste sería el último día en que me llamarían pecadora.

Rápidamente me dirigí a un lugar en el que preparan estas tostadas de forma muy casera y deliciosa.

Todo iba tranquilo; me mostraron el procedimiento para elaborar una tortilla doradita, le puse salsita y me la comí. Hasta ahí, todo bien. De repente, me enteré que la familia del negocio no sólo elabora las tostadas, también hacen duros (el chicharrón de cerdo. Así es, de cerdo). En este punto, mis nervios comenzaron a alterarse, pues presentía que el momento de la verdad se estaba acercando. Y no me equivoqué.

Pero no fue el chicharrón el que rompió con mi racha de tres años sin carne; fue algo, creo yo, aún más extremo… Estaba a nada de decirte qué comí; pero mejor velo tú mismo.

¿Se te antoja?

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